Carta número 356

No sabes las veces que he arrugado el papel y he vuelto a escribirlo, para volverlo a arrugar. Tengo tantas cosas que decirte y sin saber en que orden ponerlas. Dicen que la perfección no existe, pero quiero alcanzarla en esta carta. O al menos intentarlo. No sabes quién soy, y tampoco voy a ser tan estúpida como para poner mi nombre. Pero creo que si lo supieras, no sabrías encontrarme. Soy invisible para ti, o al menos esa es la sensación que me da. Nunca has cruzado tu mirada con la mía, ni siquiera por error cuando yo te estoy mirando en cada instante. Tan solo me has hablado una vez, para pedirme un lápiz. Bendito sea el lápiz…

No se que es lo que estoy intentando conseguir escribiendo esto, pues se que vas a ignorar mi carta. Y también se que no te empeñarás en saber quién soy. Te conozco, se la clase de persona que eres. Y también se que esta no es ni la primera ni última carta de amor que vas a recibir. No sabes las veces que he intentado no mirarte, hacer que los latidos de mi corazón vuelvan a la normalidad. Pero es imposible. Por más que yo quiera olvidarte, nunca lo consigo. Me vas a hacer daño, pero supongo que eso da igual cuando estás enamorada.

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Si. Lo has leído bien, enamorada. Hasta hace poco, no sabía lo que era el amor. Pero entonces comprendí, que tu apareces en mi cabeza cada mañana por una razón. Haría cualquier cosa por ti. Se que eso suena peligroso y irresistible a la vez, pero es la pura verdad. No miento, querido A, cuando te digo, que contigo siento que tengo alas. Siento que puedo hacer lo que quiera, mientras tu estés cerca. Sonará cursi, ya te habrás cansado de leerme, pero no me queda más remedio que continuar escribiendo. Tengo dos hojas enteras para llenar y mil cosas que quiero decirte. Así que mejor será que empecemos por el principio.

Era el primer día, los pasillos estaban llenos de gente y apenas me quedaban fuerzas para llegar a la clase. No conocía muy bien a los alumnos, pero cuando entré y te vi por primera vez, sentí que te conocía desde toda la vida. Estabas sentado, no muy lejos de mi, escribiendo algo en un cuaderno. No creo que reparaste en mi presencia, pero yo si lo hice en la tuya. Y desde ese momento, fuiste una especie de obsesión para mi. Se que no quieres estar en ninguna relación. Se que rechazas a todas las mujeres, y yo soy una idiota más que piensa que conmigo vas a canviar. Que vas a querer estar a mi lado hasta que ya no puedas más. Pero, ahora que lo pienso, no creo que quiera canviar algo de ti. ¿Tienes defectos? Muchos, casi demasiados. Pero creo que me he enamorado también de ellos.

Si canviar algo de ti significa que vas a ser un poco diferente, no quiero hacerlo. Ya no serías el chico del que me he enamorado. Apartando todo esto, quiero aprovechar para decirte que eres un estúpido. Pero uno perfecto. Y atractivo, también. Eres todo lo que yo no quiero para mi, pero eres un imán. Mis ojos vuelan hacia ti y te miro cada vez con más intensidad. No se mucho de adrenalina, pero quiero sentirla contigo. Quiero ser feliz a tu lado, algo que nunca podrá ocurrir.

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He visto como lo miras. No soy de esas que intenta ignorar las miradas que le lanzas. Duelen, pero las observo. Y quiero que me mires así, quiero que tus ojos oscurezcan cada vez que posas tus ojos en mis labios. Pero tan solo posas tus ojos en una persona, que desafortunadamente no soy yo.

Por último, querido A, me gustaría decirte algo. Nadie te amará tanto como yo lo he hecho estos años.

Te quiero,

La chica que no ves.


2 respuestas a “Carta número 356

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