Bienvenida a casa

Lo admito. Siento que he abandonado el mundo de los blogs. Aún recuerdo aquellas tardes de verano, en las que me sentaba a escribir borrador tras borrador, volcando todos mis sentimientos en esta hoja de papel extrañamente infinita. Y un puñado de desconocidos leían mis chorradas y quizás sonreían ante mis estupideces. Pero se sentía bien, tengo que admitirlo. Se sentía demasiado bien contar todo lo que se pasaba por mi mente, abrir mi alma y sentir ese alivio después. Los blogs ya no se llevan. Ya es un tema pasado… Antes la gente se abría pequeños blogs, ahora se prefieren cuentas de Instagram y escriben sus poesías y reflexiones ahí. A pesar de todo, sigo siendo más tradicional. La gente ya no lee tantos blogs, pero no por ello voy a dejar de ser la chica que escribe. Porque lo importante no es si la gente me lee o no. No. Lo importante es que mi blog siga haciendo su función; siga siendo mi medicina.

Ahora mismo hace un sol tremendo. La primavera siempre me da ánimos al pensar que el verano se acerca y al notar el calorcito en mi piel, es imposible reprimir las ganas de gritar de la alegría. Sí, como una niña pequeña. ¿O es que no tengo derecho a serlo? Estoy sentada en el sofá, después de haberme comido una miserable tostada con mermelada y aún con el pijama (en mi defensa, mientras escribo esto son tan solo las once de la mañana). Mi pelo probablemente se parece más a una escombra que a otra cosa y el trasero me está empezando a doler, quizás por la posición en la que me encuentro. Pero soy feliz. Soy consciente de que hoy probablemente no voy a hacer nada, pero tampoco me importa mucho. Se necesitan de vez en cuando días así. Días en los que aunque no te sientes como una mierda, lo aparentas. Y vaya… Aún no he pedido disculpas. Debería hacerlo pues, por abandonar mi pequeño rincón durante tanto tiempo. A nadie le habrán hecho falta mis escritos, a nadie le importan verdaderamente. Tan solo a una persona y esa soy yo misma. He necesitado tanto esto. He extrañado tanto fundirme entre letras, darle golpes al teclado (la gente se queja por el ruido que hago) y ponerme música tranquila de fondo. Aunque ahora me encuentro envuelta de un profundo silencio. Quizás debería ponerme jazz o algo así. Pocas personas saben que escribo en un blog. Por cualquier razón, nunca me ha gustado compartirlo. Se pone quizás, a veces, demasiado personal. Y en algunas ocasiones, puedo llegar a ser muy reservada. ¿Sabes lo que me gustaría hacer? Irme a una cafetería bonita y pequeña de París. Una que se esconda entre sus calles, que poca gente sepa de su existencia. ¿Por qué París? Pues sinceramente, no lo sé. Para mí siempre ha sido una ciudad mágica y sé que algo tiene. Escribir en París es todo un sueño. Con mi ordenador nuevo, con un croissant y olor a café. Y ojalá lloviera. La lluvia siempre consigue hacerlo todo más romántico.

Sí, definitivamente he echado de menos escribir en el blog. Ahora mismo, siento como que me he reencontrado con una parte perdida de mí. Una parte que creía estar olvidada. Y siento que el blog me ha recibido con los brazos abiertos, abrazándome con fuerza. Sin duda alguna, una bienvenida a casa.

Palabras Cosidas


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