Martes por la noche

Estoy mirando el fútbol.
He abandonado mi racha de escritura para sumergirme en el mundo del deporte. Queda poco del partido y la cosa pinta mal, pero supongo que aún tengo esperanza. De hecho, cada día soy más creyente de que la esperanza es lo último que se pierde.
Estoy segura de que es cierto y aunque muchas veces no nos guste admitirlo, un pequeño rato de luz que reside en nuestro interior nos empuja a continuar y a seguir avanzando.
Llevo mis gafas de hace dos años, las de repuesto. Las que utilizo cuando estoy en casa para ver películas de terror y series de comedia.
Nunca de canso de Friends.


Es una de esas series que me dan calidez y son capaces de alegrarme el día. Si tan sólo hubiera cenado una lasaña de Mónica en vez de un puré… Quizás ahora estaría más animada.


El equipo oponente va ganando.
He gritado llena de frustración cuando han marcado al igual que los muchos otros españoles que están viendo ahora mismo el partido. Tan sólo veo la pelota rodar de un lado a otro y al final me cansa, me marea.
Ojalá poder estar con mis amigos, compartiendo una pizza. Creo que escribí un post sobre lo que era compartir una pizza, aunque no me acuerdo si lo publiqué. Mejor no encontrarlo y volver a leerlo. Hay demasiadas probabilidades de sentir una vergüenza hacia mi yo anterior terrible.


Creo firmemente que se puede reflexionar en cualquier situación. Sí, incluso en el baño con una revista vieja y enterándote de lo que ocurrió el mes pasado. O por las calles oscuras, fumando un cigarrillo y pensando que será el último, aunque apenas es el primero.
¿Quién diría que viendo un partido de fútbol se puede reflexionar?


Acaba de marcar España.
He gritado.
Todo mi vecindario ha gritado.
Sobre mis reflexiones… Digamos que por ahora las puedo apartar.
Estaba pensando en lo mucho que nos importa un partido de jugadores que ni siquiera conocemos. Nosotros no ganamos dinero, lo hacen ellos.
Por el fútbol, han habido muchas discusiones a lo largo de la historia. Jugadores enfrentados,
árbitros injustos, equipos enfadados y gran cantidad de sudor y lágrimas.


Siempre he sido de las típicas chicas que disfrutan de un buen partido, aunque siguen sin ser fans del fútbol. Tiene su emoción. Estás en tensión constantemente, gritándole a una pantalla. Quizás ganemos, quizás no.
Seguiré pensando que al final del día, da igual quién gane. Seguiré con mi puré y lasaña imaginativa, mis revistas viejas, mis gafas de repuesto y las palomitas que me faltan.
Esta noche habrá un ganador.
Y sinceramente, seguiré siendo igual de feliz gane quien gane.

Palabras Cosidas


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