Debajo de la cama

Esta es una historia que escribí hace unos meses. Espero que la disfrutéis...

AMÉRICA
HACE VEINTE AÑOS ...

Aquella familia nunca salió de aquella casa. Algunos del barrio pensaban que cambiaron de ciudad, mientras que otros negaban aquella afirmación. La familia que nunca volvió, vivía muy a gusto, puede ser demasiado. Tenían tres niños pequeños, podríamos decir que era una familia numerosa. Los niños tampoco pudieron escapar de aquella pesadilla. Y las cosas personales de la familia que nunca volvió se quedaron intactas, era como si el aire se los hubiera llevado volando a todos. Y los vecinos que se dieron cuenta del problema huyeron como ratas por miedo, mientras que los que negaban aquel hecho tan extraño y fantasmagórico pagaron las consecuencias. Al final, los vecinos que en un principio no se creyeron ninguna palabra terminaron queriendo marchar, pero hicieron tarde. Cada vez que hacían la intención de huir, un nuevo motivo para quedarse les surgía y abandonaban de nuevo las esperanzas de marchar. La ciudad estaba embrujada, pero más aún lo estaba la casa número quince de Main Sreet. Pero lo más estraño de todo aquello fue que no salió ni en los periódicos ni en las noticias de televisión. Fue como si aquella casa no quisiera que los otros supieran la verdad. Y allí terminó la historia. En un barrio donde la gente curioseaba la vida de los demás, en un barrio donde los vecinos lo contaban todo, en un barrio potencialmente peligroso ...
***
Aquel monstruo se mantuvo silencioso durante veinte años pero ahora, en la actualidad, hay cosas que me hacen pensar que no todo terminó en el año 2000. Las cosas van muy mal. La casa ha despertado.
Claire salió rápidamente del coche para observar la casa donde pasaría el resto de su vida. Alzó la vista con rapidez observando primero el gran jardín. Era verdoso, con un columpio medio roto y oxidado por el paso del tiempo. Un segundo después, sus ojos se movieron hacia la casa. Al principio, le dio mucho miedo. Era antigua, de madera, con dos escalones de la entrada rotos. Un poco después, le pareció una casa fascinante.
-Claire, ve a ayudar a tu padre con los hombres de la mudanza. Cuando acabes te prepararé un vaso de leche.
-¡Viva! - gritó la pequeña niña saltando en el barro y llenando su vestido blanco de color marrón.
Su madre la miró enfadada pero no le dijo nada viendo el entusiasmo de su hija. Con las manos temblorosa, se limitó a abrir la robusta puerta de madera y dar un pequeño vistazo a la nueva casa. No entraba mucha luz por las ventanas, mejor dicho, la oscuridad reinaba en el comedor. Pero mirando por el lado positivo, la casa daba la impresión que era lo suficientemente grande. Más grande que la casa que antes tenían y con ese hecho se quedó satisfecha.
Mientras tanto, Claire hizo grandes esfuerzos para llevar las cajas de cartón que contenían sus juguetes. Pesaban poco, pero a la niña le costaron mucho de trasladar.
Cuando bajó de su habitación, las escaleras comenzaron a crujir de una forma irreal y por un momento, Claire notó como se movían. De todas formas, sólo fue un segundo.
-Mamá, quiero el vaso de leche. - dijo Claire al asomar la cabeza por la puerta de la cocina donde su madre guardaba en los armarios los utensilios para cocinar.
-Lo tienes sobre la mesa, Claire. Tendrás que ducharse también.
La tarde trancorrió rápidamente y la noche no tardó nada en llegar. El cielo estaba más oscuro que nunca y la niña salió a mirar las estrellas.
-Una estrella, dos estrellas, tres estrellas ...
Algo de detrás de los arbustos se movió. Ella se alzó tan rápido como pudo sobrecogida. Pero en ese momento su madre le gritó desde le interior de la casa que era hora de dormir.
-Quiero que mi papá me de un beso! - llamó Claire buscando a su padre con la mirada.
-Muy bien, ahora vendrá. - contestó su madre dándole un beso en la frente.
Un minuto después, un hombre alto con gafas llamó a la puerta.
-Hoy ha sido un día duro, Claire. Y ahora dime; ¿te gusta esta casa?
La pequeña niña respondió con un seco no.
-¿Por qué?
-Pasan cosas extrañas. Las escaleras se mueven y hay cosas en el jardín.
-¿Cosas? ¿Qué cosas? - preguntó su padre visiblemente intrigado.
-Ruidos en la noche.
-Claire, los monstruos no existen y lo sabes. Las escaleras no se pueden mover y lo que por la noche escuchaste probablemente era un conejo o algo parecido. No debes de tener miedo. - comenzó a explicar su padre.
Pero Claire no escuchaba nada, simplemente miraba la negra oscuridad por la ventana. Ahora ya no se podía ver ninguna estrella. Y la luz de la habitación se apagó.

Por la madrugada, Claire se despertó sudorosa y con los ojos llorosos. Había tenido un gran pesadilla. De repente, se puso a buscar su muñeca preferida que siempre la solía tener a la derecha de la cama y ahora mismo la pequeña niña sentía la necesidad de abrazarla. Buscó por los armarios, cajones y cojines, pero nada.
Y el cuadro de sus padres se cayó y se rompió. Lo curioso fue, que fue a parar muy cerca de bajo de la cama. Era como si la casa quisiera que mirara allá abajo. Claire asustada miró bajo la cama sin ningún remedio. Y allí estaba la muñeca mirándola, pero llena de sangre ya seca. Claire comenzó a gritar a pleno pulmón y a escuchó dos pares de zapatos que subían por las escaleras.
-¿Te has hecho daño? Mira si se ha hecho daño, Tom! - llamó su madre vestida con un bata azul y zapatos a juego.
-Claire ... ¿Qué problema tienes? - preguntó su padre amablemente, intentando hacer desaparecer el nerviosismo que crecía en su interior.
-L-l-a-muñeca. T-t-iene s-s-angre por todo el c-cuerpo. - dijo la niña temblando, tapada hasta el cuello con una manta.
Pero para los ojos de sus padres, la muñeca no tenía ni una gota de sangre. La casa no quería que pudieran ver la sangre. La casa sólo quería a Claire. Y aunque la niña tuviera apenas seis años, lo sabía.
-Quiero ir-me de aquí. ¡Esta casa no me gusta! - gritó  Claire echándose a llorar.
Su madre la miró duramente y acto seguido se fue sin poder soportar el ambiente.
-Claire, estamos muy estresados ​​ahora mismo intentando que todo funcione pero no nos lo pones nada fácil. ¡La casa no es mala! - explica su padre.
-¡Si que lo es! ¡La muñeca tiene sangre! ¿No la ves?
-No. - respondió su padre fríamente.
Claire observó por última vez la muñeca antes de echarla a la basura. Le sonreía ...
***
Desde el jardín de mi casa, mientras cortaba la hierba, podía escuchar perfectamente los gritos de mis vecinos. Aquella maldita casa hacía más miedo que nunca. Las ventanas parecían dos ojos y la puerta, la boca. No os lo creeréis, pero si algún día encontráis algo parecido, huid o quedaros para siempre.
Y la pequeña Claire estaba sufriendo mucho en aquellos momentos pero ella ya no tenía escapatoria. Estaba fichada por la casa, la casa la quería a ella pero no a sus padres. Claire era, oficialmente, un punto muerto. En el caso del año 2000, hacía veinte años, la casa se obsesionó con todos los miembros de la familia y fueron desapareciendo uno a uno.
Y pensando todo aquello, en ese momento decidí ir a hablar con algún familiar de Claire para ponerle un poco de miedo e intentar al menos, que la casa no se obsesionara con la madre o el padre.
Allá que fue, un hombre viejo como yo decir al fin y al cabo, que Claire estaba en un gran peligro.
Respirar aire puro fue lo mejor que me pasó desde que salíde ese sitio. Fue como si un gran peso de mi pecho se hubiera liberado. Pero al mismo tiempo, quería volver allí dentro. Era como una droga, que cuando te atrapaba ya no te dejaba marchar.
Recuerdo que miré hacia la ventana de la habitación de Claire y vi a una niña con el cabello rubio y dos trenzas mirándome fijamente. La cara la tenía llena de sangre. Al momento, voy reconocí a la niña, era Wendy. La niña que murió en junto con toda su familia. Y en sus brazos apareció Teddy, el hermanito más pequeño. Pedían ayuda, lo notaba.
Ya no pude aguantar más y tiré a correr lo más rápido que mi cuerpo me permitió.
***
Claire no salió de la habitación ni para comer. Estaba muy  enfadada porque sus padres no le hacían el más mínimo caso. Pero ese día notaba la presencia de alguien más en la habitación. Y tenía mucho miedo. De repente, sintió como una puerta se cerraba en el piso de abajo. Miró rápidamente por la ventana y vio a un hombre viejo con un gorrito y un bastón. Aquel hombre la miró primero con curiosidad y luego su cara paldeció, asustado. Un minuto después se fue corriendo. Claire no entendió nada pero no le dio importancia. La presencia de alguien más allí se hizo más grande y, por un momento, pensó en irse corriendo de la habitación pero recordó como de enfadada estaba con sus padres.

Esa noche, Claire no quiso cenar nada. No necesitó que sus padres le dieran un beso en la frente y tampoco necesitó una muñeca nueva. Se puso ella sola el pijama con gran dificultad y apagó la luz.
-Que no vengan los monstruos, que no vengan los monstruos, que no vengan ... - se repetía en voz baja mirando el techo.
Por más que intentaba dormirse, no podía.
Y de repente, alguien le habló desde debajo de la cama.
-Claire ... ven a jugar con nosotros. - escuchó primero.
La voz era muy fina y dulce, tanto que ponía a cualquiera con piel de gallina.
-¿Q-q-quien es?
-Wendy, Teddy y George. Estamos aquí desde hace mucho tiempo, Claire. Y nos aburre no tener compañía. - explicó la voz de niña procedente de debajo de la cama.
-¡No, no, no! ¡Quiero dormir! - gritó Claire con el corazón latiéndole muy fuerte.
-Si quisieras dormir ya estarías dormida. Pero quieres jugar con nosotros. No ves que has estado sola en esta habitación?
-No quiero jugar contigo. ¡Contigo nunca!
Una fuerza que Claire nunca entendió de donde provenía la fue arrastrando poco a poco debajo de la cama.
Se agarró a una pata de la cama pero eran tres personas la que la arrastraban.
-¡Mamá! - llamó Claire.
Y después de ese grito, silencio completo. Ya estaba debajo de la cama. Y debajo de la cama murió.

Los padres de Claire, al escuchar extraños ruidos, decidieron ir a echar un vistazo.
Subieron rápidamente y entraron en la habitación.
Esta vez sí que veían la sangre por las paredes.
-¡¿Claire ?! ¡¿Claire ?! - chilló histéricamente la madre.
Pero no encontraron nada. Sólo se escuchaba un pequeño eco que repetía la última palabra que Claire pudo pronunciar; mamá.
Y después de aquella horrible noche, los padres de Claire se volvieron locos pensando que la casa se había comido a su hija. Sólo yo, los creí.

VEINTE AÑOS MÁS TARDE ...
Emily se quedó observando la gran casa. Era simplemente perfecta, como ella la había imaginado.
Y debajo de la cama, unas risas se escucharon, incluso la de Claire. La casa había despertado, de nuevo.


FÍN
Cuentos Infantiles: Casa tenebrosa, ¿te animas a entrar?

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